Lo que no te ofrezco

No te ofrezco fidelidad, te brindo mi lealtad.

No se ofrezco sinceridad sino honradez.

No te prometo la felicidad pero te regalaré mi alegría.

No te ofrezco perfección sino esfuerzo.

No te ofrezco exclusividad, eternidad, más sí un presente real.

Aunque ni yo conozca la verdad, las nieblas de mi alma, por más espesas, dejarán que veas en mí.

No te ofrezco mi amor, más las noches en vela dictaminaron.

Te ofrezco, te ofrecí mis miedos al descubierto para que con ellos pudieses sabes como actuar.

Ofertas que no pudieron ser oídas, cobardía presente, incertidumbre latente.

Solo un gesto que nunca se dio buscaba.

Un único gesto para cambiarlo todo. 

Un todo que no pudo ser cambiado.

Tu pasión

No te rindas, sigue combatiendo tus miedos.

Busca tu luz, encuéntrala, estremécete al contemplarla, bésala.

Esfuérzate por aquello que te hace sentir vivo, aquello que te hace sentir oscuros temores. Dulces incertidumbres sin las cuales, ya no tendría sentido seguir respirando.

Busca tu pasión, persíguela con todas tus fuerzas, ella te está esperando. 

Te observa pesarosa, tiene miedo a que no la halles y lágrimas en el corazón ante la sensación de que la hagas tuya.

Pelea con el alma, sangra por ella porque cuando la batalla cese, cuando la luz se diluya entre el suave viento, ella será el tenue aliento que te haga aferrarte a tí mismo.

Y si después de todo la encuentras, consigues tocarla y hacerla tuya, ya jamás habrá vuelta atrás.